Salas Hechas para Dos
Una cena romántica en Madrid rara vez tiene que ver con la sala más ruidosa; tiene que ver con el rincón donde el ruido desaparece. La ciudad esconde sus mejores mesas para dos en comedores a media luz, casas rehabilitadas y un puñado de cocinas donde el chef guisa para dos como para uno. Hemos mirado más allá de lo evidente y elegido salas con la luz justa, el ritmo justo y una cocina capaz de dejar que la noche transcurra despacio. Son las mesas que conviene guardar para la noche que importa.
De autor e íntimas
Los comedores modernos más cuidados de Madrid entienden que el romanticismo es cuestión de escala y de luz. Estas cocinas son ambiciosas sin subir nunca la temperatura de la sala.
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Repartida en dos plantas de una casa de Salamanca, La Bien Aparecida equilibra la cocina del norte con uno de los comedores más bonitos del barrio. Pide un rincón arriba, lejos de la energía de la barra. La cocina es precisa y generosa a partes iguales. Es de esos restaurantes elegantes que aún resultan personales.
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Un bistró pequeño de Justicia con cocina abierta y una carta breve y segura que cambia con el mercado. La sala tiene pocas mesas, la luz es cálida y la cocina es moderna sin ser lista por presumir. Reserva el primer turno para una mesa más tranquila. Ideal para una cena que busca conversación más que espectáculo.
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Un favorito de barrio cerca del Retiro que se ha convertido, sin ruido, en una de las cocinas más fiables de la ciudad. El comedor es íntimo y sin prisa, el servicio cálido, la cocina de temporada y exacta. Atrae a parejas que quieren que las cuiden sin ceremonia. Una elección adulta para una cena larga.
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Una sala joya en Salamanca con cocina persa refinada, todo azafrán, agua de rosas y cordero estofado largamente. El ambiente es cálido y de luz suave, los sabores lo bastante ajenos para que la velada parezca un pequeño viaje. Las raciones son generosas y pensadas para compartir. Un desvío romántico del repertorio habitual de Madrid.
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Escondidas y con atmósfera
Algunas de las salas más románticas de Madrid juegan con la atmósfera tanto como con el plato: una cena flamenca, un comedor histórico a media luz, una cocina de alma sureña.
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Corral de la Morería - Restaurante Gastronómico
La Latina · Alta cocina (en el seno de un tablao flamenco) · $$$$Tras uno de los grandes tablaos del mundo se esconde un comedor gastronómico minúsculo, apenas una docena de cubiertos, con un menú degustación de producto vasco y andaluz. Primero se cena y luego empieza la música. La intimidad es casi cómplice. Para un aniversario, pocas salas en la ciudad tienen tanto sentimiento.
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Una sala cálida de Justicia donde manda la parrilla, con cocina de influencia uruguaya y una carta de vinos seria. La luz es baja, los reservados discretos, la carne en manos de quien claramente la adora. Va bien a una pareja que quiere sustancia con su luz de vela. Pedid una botella y quedaos hasta tarde.
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Abierto desde 1839, Lhardy es un superviviente dorado del Madrid del XIX, todo caoba, espejos y un famoso samovar de consomé en la entrada. Los salones de arriba son formales en el mejor sentido, el más teatral. Es romanticismo del de antes, del de vestirse como es debido. Para una velada con sentido de acontecimiento, nada se le parece.
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Una sala pequeña de Las Letras que cocina la comida de las Islas Canarias con verdadera ambición y formato de menú degustación. El espacio es recogido, la acogida personal, los sabores volcánicos y sorprendentes. Da la sensación de que te dejan entrar en un secreto. Una elección con carácter y fuera de guion para dos curiosos.
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La mesa para dos adecuada no es la más cara ni la más fotografiada; es la que deja que la noche vaya despacio y mantiene el resto de la sala a una distancia educada. Reserva pronto, pide el rincón tranquilo y deja que la cocina marque el ritmo. En Madrid, las mejores cenas románticas son aquellas en las que se te olvida mirar la hora.